OLVIDA LOS PREJUICIOS: POR QUÉ DEBES COMER MOLLEJAS DE POLLO YA

A menudo subestimadas y relegadas al grupo de la llamada “casquería”, las mollejas de pollo son en realidad un ingrediente lleno de posibilidades. Aunque su apariencia puede generar dudas en quienes no están familiarizados con ellas, basta probarlas una vez bien preparadas para descubrir su textura firme y su sabor profundo. Lejos de ser un producto extraño, forman parte de muchas cocinas tradicionales alrededor del mundo y representan una opción económica, nutritiva y versátil.

Las mollejas son el estómago muscular del pollo. Debido a su función de triturar el alimento del ave, tienen una consistencia compacta que, cuando se cocina correctamente, se vuelve tierna y agradable al paladar. Desde el punto de vista nutricional, aportan proteínas de excelente calidad, esenciales para el mantenimiento de los músculos y la recuperación del cuerpo. También contienen hierro, ideal para prevenir la anemia; zinc, que contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunológico; y vitaminas del complejo B, que ayudan a mantener altos los niveles de energía.

Para utilizarlas adecuadamente, es importante limpiarlas bien antes de cocinarlas. Se recomienda retirar cualquier resto de grasa o membrana dura y enjuagarlas bajo agua fría. Un consejo útil es hervirlas durante 20 a 30 minutos con sal, ajo y una hoja de laurel antes de incorporarlas a otras preparaciones. Esto ayuda a ablandarlas y a potenciar su sabor.

Una receta sencilla es las mollejas guisadas. Después de hervirlas, se sofríen con cebolla, pimiento y tomate picado. Se añade comino, pimienta y un poco de caldo, y se dejan cocinar a fuego lento hasta que estén bien tiernas. Se pueden servir con arroz blanco o papas cocidas.

Otra opción deliciosa es prepararlas salteadas al ajillo. Una vez cocidas y escurridas, se cortan en trozos y se doran en una sartén con aceite de oliva, abundante ajo picado y un toque de perejil fresco. Al final, unas gotas de limón realzan su sabor.

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